Capítulo II: Comenzando a desarrollar "telepatía"...

El día de ayer fue complicado, pues comencé a desarrollar lo que es la telepatía, es decir, la habilidad de leer los pensamientos de las personas. Sin embargo, esto no comenzó con seres humanos, sino con animales, y más específicamente, con peces. Cuando hube de hallar a mi amigo, me comentó que quizás no era una coincidencia, que comenzara con seres que requerían del agua, para vivir...

No he vivido mucho en éste universo, y comencé a comprender cosas muy oscuras, a temprana edad. Quizás yo era un prodigio, y esto no lo comprendía, yo, todavía. Si lo pensaba, había aprendido con facilidad a tocar el piano, y la magia se me había dado como "agua entre mis manos". Mi mundo cambió significativamente, con todos éstos conocimientos, y mi madre comenzó a ignorar mis actividades y movimientos, como únicamente siendo parte de un pedazo de la misma, dónde era yo una joven estudiante de música, y una buena hija que sólo iba a jugar al parque...

Mi padre murió, cuándo yo tenía alrededor de dos años, y mi madre decidió ponerse a trabajar, y cuidarme a mí, nadamás. Mi padre era una persona rara, un excéntrico, y de quién posiblemente heredé mis habilidades, o la facilidad para realizar cualquier cosa. Mis padres habían tenido otra hija, una hermana mayor a la que no solía ver con frecuencia, pues estaba internada en un "hospital psiquiátrico", después de haber comenzado a ver cosas. Mi hermana decía a gritos, que eran "fantasmas", pero nadie le creyó, incluso yo. Recordar esto, me causaba malestar, por lo que decidí que lo mejor era mantener la información sobre mi "telepatía" en secreto, para no correr la misma suerte que ella...

Nosotros habíamos crecido en un pueblo en Estados Unidos, que no era ni muy rico ni muy pobre, y dónde el habla era sencilla. Mi hermana antes de haberse quedado loca, estudió en un colegio para mujeres, de dinero, y por lo tanto, cambió nuestras actividades. Sin embargo, siempre tratamos de mantener algunas de nuestras actividades en el pueblo, y mi mamá, a causa de la muerte de mi padre, y los gastos por el hospital, me inscribió a un colegio barato del lugar. Yo, no era una mala hija, ni mal agradecida, y vivía una vida tranquila, y un tanto lenta... Me agradaba el pueblo, y me gustaba la comida local, y el sumergir pan de dulce, en las tazas de "café capuccino", era uno de mis pasatiempos.

En Estados Unidos existía una cultura sobre "las brujas", y la mayoría de los niños, habían practicado alguna especie de magia, o invocado fantasmas. Yo le tenía demasiado miedo a la invocación de éstos últimos, pues el episodio de mi hermana me había traumatizado, y me había vuelto más precavida. Fue cuándo comencé a escuchar voces, que decidí que debería de guardar mi secreto de alguna manera, para que no me encerraran.

Mi madre me había comprado unas botas rojas, que yo solía combinar con un impermeable, mientras llovía. La época entre Junio y Febrero, eran mis días favoritos del año, pues apenas comenzaba el otoño, y terminaba el invierno. También me gustaba la primavera, pues había nacido en el mes de abril, pero mi carácter era un tanto austero, y sombrío, casi no tenía amigos y me gustaba observar a mis compañeros desde mi asiento. Aunque podría afirmar, que el vivír en un pueblo aumentaba mis posibilidades de cumplir mis sueños (los sueños de una persona, con "medianas aspiraciones"), pues no vivía con el estrés de cumplir con las tareas imposibles de los colegios de dinero, que posiblemente habían enloquecido a mi hermana...

Antes de desarrollar la telepatía, había tenido otros episodios de locura y extrañeza, al ver a las personas pixeladas, cómo si estuviese en la "Matrix". Me sentía de cierta manera cómo "Alicia en el país de las maravillas", a punto de descubrir, nuevos mundos. Mi maestra cuándo tomaba clases me veía consternada, pues mi rostro expresaba cierto horror, cuándo podía leer yo su mente, y enterarme de sus secretos, sus manías, y de todas sus hipocresías también. Mi hermana alguna vez me comentó, que algún día todos nos íbamos a infectar, e íbamos a ser raros como ella. A mí me preocupaba, que no fuesen tan raros cómo yo...

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